domingo, 10 de enero de 2010

Memorias ácidas

Al borde de una estación me senté y lloré

¿Cuántos pasos hay desde mi cuarto hasta ese edificio azul, hasta esas rejas negras?
Un día de estos saldré por la puerta de mi casa, sin decir nada, a buscar esa melodía impregnada en las paredes de una de las construcciones más nostálgicas de Barranco. Me sentaré en uno de los bancos a mirar el escenario en que alguna vez un par de pies descalzos bailaron. Y yo tenía una canción en la mente que nunca terminaba mientras veía el espectáculo, muy bien confeccionado. El tiempo vuela, subrepticiamente, sobre nuestras cabezas, como una paloma, y de pronto sentí que me caía algo. Algo que cayó desde arriba. Y me quejo, me quejo. Como siempre imaginé, soy melancólica y lo seré siempre. Ahora no importa. El tiempo al pasar volando, me llenó de mierda.

2 comentarios:

PIPA dijo...

y las ventanas crujiran al ver pasar su silueta llana, languida y sin pretenciones.. por que somos mera casualidad una explosión que se difumina por el aire espectral y diafáno.

espere sentada, el tren de medio día saldra de la nada, mordera el cinturon de emergencia y sera libre, nunca dejara de ser nostalgica, por que usted es nostalgia pura, sentimiento que emana de su pecho y lo transcriben sus manos.

Simplemente un espejismo dijo...

Hola.

Me llamo Alicia y también tengo 16 años. Por casualidad encontré tu blog y me pareció interesante encontrar que compartiamos varias cosas.

Un beso, Alicia.