martes, 16 de febrero de 2010

Nocturna

Entre el primer y el segundo piso de mi casa existe un aura tridimensional que me despierta, que excita cada nervio de mi cuerpo, abre mis ojos, mis labios, mis oídos...
Y escucho gritar a miles de niños, encerrados en el cemento, gimen, juegan, joden, se lastiman entre ellos, amputándose las lenguas viperinas a mordiscones mientras yo me escondo cada vez más entre las sábanas, aterrada.
Las ventanas de mi cuarto se abren y cierran lentamente, millones de ojos cubren las paredes de mi cuarto, los párpados se abren y cierran lentamente, yo doy una vuelta más y me encierro en mi cuerpo.

Ya van muchas noches queriendo ser días. En el desesperado intento por dormir transformo los más dulces pensamientos en ideas horribles, que entran por mi puerta abierta y se cuelan en mi mente y en mis sábanas.

domingo, 10 de enero de 2010

Memorias ácidas

Al borde de una estación me senté y lloré

¿Cuántos pasos hay desde mi cuarto hasta ese edificio azul, hasta esas rejas negras?
Un día de estos saldré por la puerta de mi casa, sin decir nada, a buscar esa melodía impregnada en las paredes de una de las construcciones más nostálgicas de Barranco. Me sentaré en uno de los bancos a mirar el escenario en que alguna vez un par de pies descalzos bailaron. Y yo tenía una canción en la mente que nunca terminaba mientras veía el espectáculo, muy bien confeccionado. El tiempo vuela, subrepticiamente, sobre nuestras cabezas, como una paloma, y de pronto sentí que me caía algo. Algo que cayó desde arriba. Y me quejo, me quejo. Como siempre imaginé, soy melancólica y lo seré siempre. Ahora no importa. El tiempo al pasar volando, me llenó de mierda.