martes, 1 de septiembre de 2009



Entonces no creía en devaneos,
en ese entonces sólo lograban irritarme por su monstruosa, aunque seductora, insolencia.
Entonces solía dejarme llevar por el eco de las ramas sugestionadas, moviéndose levemente al ritmo del viento.
Y cerraba los ojos, cerraba el alma, tratando de extraviarme.  Yo trataba de ignorarme.


Ahora me escucho, vuelvo a mi cuerpo, a mi vida, a mi café y a mi tarde gris.



Más gris que nunca.

2 comentarios:

Le petit crocodile dijo...

a veces es bueno volver, al gris, al café.
Me encanta la palabra devaneo.
=)

B o r d e r l i n e dijo...

me encanta me encanta me encanta (L) que bella qe eres =)