viernes, 29 de mayo de 2009

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?



¡Déjenme sola! Hoy tengo miedo, no quiero nada, no quiero abrazos, no quiero besos ni caricias apócrifas.  Tengo los dedos helados y veo como mi cigarrillo se consume lentamente. Soplo, y las cenizas se esparcen con gracia. Huyen. Yo también quiero ser un cigarrillo. Quiero ser consumida y dejar de ser. Así de simple. Ser pisada, o en el mejor de los casos, aplastada en un cenicero con arenita blanca. Como el cenicero del Sheraton: Arena perfumada que forma una 'S' grande. Yo camino con mi abrigo azul, con frío. Camino por el Olivar, sangrando. Me desgasto, me concentro en los árboles y en el cielo tornasolado, trastornado. Me hablan, pero yo no escucho, extraño. Extraño mi vida, esa vida que sólo llevo en sueños. Y temo caer en el mismo error. Temo perderme por culpa de una ofuscación momentánea, un desvarío pasajero, una nueva droga en mi vida.
Y yo me pregunto si podré con todo ello.